Despedida con mariachi la noche antes del vuelo: cómo organizarla en Fontibón, junto a El Dorado
Hay una escena que en Bogotá se repite cada semana y casi nadie planea con tiempo: la última noche de alguien que se va a vivir afuera. La maleta pesada en la báscula del baño, los primos que llegan sin avisar, la abuela que pregunta por tercera vez a qué hora sale el avión. Buena parte de esas noches pasa en Fontibón, por pura lógica de trancones: o la familia vive en Modelia, Hayuelos o Capellanía, o el viajero se muda un día antes a un hotel sobre la avenida El Dorado para no jugarse el vuelo con el tráfico de la madrugada.
Esa es la noche que pide mariachi. No la mañana del viaje.
Por qué no en el aeropuerto
Para un vuelo internacional las aerolíneas piden estar en el counter tres horas antes, y esas tres horas se van en filas, pesaje de equipaje y migración. Pasado el filtro de seguridad solo sigue el pasajero, así que la familia se despide de afán, de pie entre carritos. Meter ahí una serenata es competir con el reloj: el que se va no alcanza a oír la segunda canción pensando en si le cobrarán sobrepeso. La bienvenida en la sala de llegadas sí funciona, porque a esa hora ya nadie tiene prisa; la despedida, en cambio, luce en la sala, con todos sentados y tiempo para llorar sin mirar el celular.
La hora y el lugar
Si el vuelo sale temprano, lo sensato es que el mariachi toque entre siete y nueve de la noche. La serenata más corta dura de 25 a 30 minutos, y al viajero le queda margen para comer algo, cerrar la maleta y dormir unas horas. Si el vuelo es nocturno, la víspera sigue siendo mejor opción que el mismo día.
En un conjunto de Modelia o Hayuelos hay que dejar el aviso en portería un día antes y, si la familia es numerosa, apartar el salón comunal. En un hotel de la 26 hay que preguntar en recepción dónde se puede cantar sin incomodar a otros huéspedes; a veces ofrecen una terraza o un salón pequeño, y con eso sobra. Lo que no sirve es improvisar en la habitación: cinco músicos con guitarrón no caben entre dos camas.
Un repertorio que despida sin sonar a entierro
El error más común es arrancar por las lágrimas. Funciona mejor al revés:
- Para abrir: dos canciones movidas que pongan a cantar a los tíos, tipo Cielito lindo o El son de la negra.
- El centro: Canción mixteca, que habla justo de estar lejos del suelo donde uno nació; Volver, volver, que deja la promesa en el aire; y Los caminos de la vida, que en Colombia pide medio mundo aunque nació vallenato.
- El cierre: Las golondrinas es la despedida por excelencia del mariachi. Ojo: también suena en los sepelios, y si en la familia hubo un duelo reciente puede caer pesada. En ese caso, mejor terminar con El rey, todos de pie haciendo el coro.
Si hay una canción que el viajero ponía en las fiestas de la casa, esa va de penúltima. Conviene mencionarla desde la reserva para confirmar que el grupo la tiene montada.
Qué paquete elegir
Para una despedida en casa alcanza la Serenata Básica: $230.000 por siete canciones, cinco músicos, voz masculina y femenina, sonido propio y transporte. Si la idea es que el viajero se lleve algo físico, la Premium ($330.000) trae un mariachito en porcelanicrón, un recuerdo pequeño para meter entre la ropa de la maleta. Y si lo que importa es tener la serenata grabada para verla desde allá, la de Lujo ($450.000) incluye foto impresa o video, y la Platino ($950.000) entrega el video completo. Cuando la despedida se vuelve fiesta grande con vecinos y compañeros de trabajo, el formato por horas cuesta $650.000 la hora con repertorio abierto.
El desplazamiento no se cobra aparte en ningún sector de la localidad: vale lo mismo en Versalles que en San Pablo o en un hotel de la zona del aeropuerto. Los paquetes, los barrios cubiertos y la bienvenida en El Dorado para el día del regreso están en la página de mariachis Fontibón.
Qué mandar por WhatsApp para reservar
Un solo mensaje resuelve casi todo: fecha y hora de la serenata (no la del vuelo), dirección exacta con el nombre del conjunto o del hotel, quién se va y para qué país, cuántas personas habrá y las dos o tres canciones que no pueden faltar. Con eso se cotiza y se asegura la fecha con un abono.
Para reservar, escribe a Mariachi Bonito Tecalitlán por WhatsApp al 301 4232500; responden a cualquier hora. Y un consejo final: que alguien grabe parado detrás de los músicos, apuntando al que se va. Esa cara es la que la familia va a querer ver cuando él o ella esté lejos.
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